Ahora que estamos en este tórrido verano, creo que a todos nos apetece algo refrescante. Pues bien, ¿que mejor para refrescarse que un buen chorro de agua?.
Aquí os dejo una foto de la cascada de las Corraladas en el valle de Urkabustaiz (Álava). Como siempre que hablo de cascadas y ríos, no intentéis verla en verano porque seguramente os llevéis una decepción.
En la antigüedad se llamaban enfermedades lunáticas, las que se creían debidas a la influencia de la luna o relacionadas con las fases de esta. De ahí bien la palabra “lunático”.
Yo preguntaría, si alguien de los que lee este blog, no se ha quedado alguna vez impresionado por una fantástica luna llena o una luna en otra fase, en un momento o lugar determinado.
El embalse de Ullibarri-Gamboa, pantano de Landa, embalse del Zadorra o como se suele decir en Vitoria: el pantano. (A mí a bote pronto, me salen en Álava tres embalses más, a parte de este).
Es un lugar al norte de Álava, que si bien su construcción fue una aberración, ya que para su realización desaparecieron numerosos pueblos, infraestructuras, tierras de cultivo, etc.
Hoy día es un pequeño paraíso natural, del cual se puede disfrutar no solo de actividades acuáticas que sería lo normal. Se puede disfrutar de sus playas (de agua dulce, claro), lugares recreativos, recorridos para andar o hacer deporte, etc.
El otro día, os hablé de la balsa de los alemanes en Opacua. También os contaba que en mi niñez/ juventud pase muy buenos ratos con mis padres, tíos y sobre todo con mi hermano. La foto que hoy nos ocupa, pertenece a la peña Arrigorista, también en el puerto de Opacua. Es un lugar que me trae muchos recuerdos, porque para mi hermano y para mí, subir allá, era como hacer el K2. Toda una aventura y una proeza.
Otro año ha terminado. Tal y como se veía venir, el 2021 tampoco ha sido un año fácil. Aunque creo que a todos nos consuela pensar, que ha sido en general mejor que el 2020.
Ya hemos acabado otro año y el que ha comenzado con el COVID disparado, no se plantea en principio mejor que el anterior.
Todos tenemos encendida esa llama de esperanza de que esta pesadilla vaya a terminar. Os animo a tod@s a darle fuego a esa llama para que acabe la pesadilla.
Un fuerte abrazo a tod@s y que el 2022 sea mucho mejor que el año que hemos cerrado.
En estos días en los que todos, de ser grandes virólogos y vacunólogos, hemos pasado a reputados vulcanólogos, me ha dado por revisar mis fotos de cuando estuve de vacaciones en La Palma.
Por curiosidad, el otro día se me ocurrió mirar en el Google Maps, ya que, según mis cálculos, donde ha salido el volcán y donde estuve una noche sacando fotos a la Vía Láctea, no tenía que haber mucha distancia.
Hoy me toca contar una experiencia que me ocurrió la primera vez que fui con la ONG a Bolivia. Además, es una foto a la cual, le tengo mucho cariño y que la he puesto más de una vez en alguna exposición. La experiencia que tengo cuando vas con una ONG, es que en todos los viajes tienes algún golpe que te da la vuelta al corazón. En el caso que nos ocupa, me paso en el año 2009, la primera vez que iba y era un pardillo en estas situaciones. Hacia dos días que había llegado y me mandaron al hospital materno infantil de Trinidad.
Siguiendo mi ruta bloguera de carteles, hoy toca poner uno nuevo.
Este lo vi en un bar de Vitoria que se llama «los Amigos». Por cierto tiene unos pintxos estupendos.
Me llamo la atención, porque es algo recurrente que vayas a mirar una noticia, esquela, etc. en la prensa de un bar y que el periódico correspondiente o no esta, o algún listo ha arrancado la noticia que te interesa.