Cuando llegas a Moguer (Huelva) todo rezuma sabor a Juan Ramón Jiménez, el pueblo natal d este poeta. Se pueden recorrer sus calles blancas con ventanas enrejadas, visitar los museos dedicados al poeta y las diferentes estatuas que recorren los diferentes pasajes del libro “Platero y yo”.
En este caso me he parado en una que se corresponde con el verso “idilio de abril”. La verdad es que me estuve sacando fotos porque me encanto. Pertenece al escultor Pedro Requejo Novoa y está realizada en bronce.
A continuación dejo el pasaje al que se refiere la obra.
Capítulo XXIX . Idilio de abril
Los niños han ido con Platero al arroyo de los chopos, y ahora lo traen trotando, entre juegos sin razón y risas desproporcionadas, todo cargado de flores amarillas. Allá abajo les ha llovido—aquella nube fugaz que veló el prado verde con sus hilos de oro y plata, en los que tembló, como en una lira de llanto, el arco iris—. Y sobre la empapada lana del asnucho, las campanillas mojadas gotean todavía.
¡Idilio fresco, alegre, sentimental! ¡Hasta el rebuzno de Platero se hace tierno bajo la dulce carga llovida! De cuando en cuando, vuelve la cabeza y arranca las flores a que su bocota alcanza. Las campanillas, níveas y gualdas, le cuelgan, un momento, entre el blanco babear verdoso y luego se le van a la barrigota cinchada. ¡Quién, como tú, Platero, pudiera comer flores…, y que no le hicieran daño!
¡Tarde equívoca de abril!… Los ojos brillantes y vivos de Platero copian toda la hora de sol y lluvia, en cuyo ocaso, sobre el campo de San Juan, se ve llover, deshilachada, otra nube rosa.
